En la literatura, y en las péliculas, siempre se ha hablado de Cleopatra que se bañaba en leche de burra. Esta reina de Egipto quería conservar la belleza y elasticidad de su piel. Para hacerle un baño se necesitaban 300 burras... y esclavos tambien, por supuesto.
Las analisis bioquimicas nos informan sobre su papel en dermatología. Esta leche contiene muchos ácidos grasos, vitaminas A,E y F. Por su composición es recomendable para las pieles secas, las arugas y pieles sensibles : Tiene un efecto tensor, rejuvenecedor en las células, previene el envejecimiento y regenera la piel.
La explotación de la burra lechera era un honor en la antiguedad. Los griegos la tomaban como medicina y los romanos la consideraban una bebida de lujo. Hippocrates la recomendaba a sus pacientes en caso de envenenamiento, cicatrices, dolores articulares... y mucho más.
Muy parecido a la leche de la mujer...
En el siglo 19 y siglo 20, la leche de burra era una medicina muy conocida. En París, las bellas damas acudían a establecimientos especilizados para obtener un poco de esta bebida tan lujosa. Cuando se acabo la moda, los establecimientos se trasformaron en "hospitales" de niños (huerfanos ...) que necesitaban leche. Los bebes se alimentaban directamente a la burra. Pesando a los bebes vieron que tomaban entre 1 litro y litro y medio al día.
El doctor Parrot que se encargaba del "hospital des enfants assistés" lo relata en el "bulletin oficiel de médecine en 1882" : "Las cuadras adónde se estaban las burras, sanas, bien ventiladas y limpias se comunican con el dormitoriode los niños : Tratada con dulzura, la burra deja que se alimente el niño. Su anatomía se adapta bien a la boca del niño pequeño. La enfermera se siente al lado de la burra y le presenta el niño, de vez en cuando, presiona un poco para ayudar la salida de la leche. Los niños maman 5 veces al día y 2 veces durante la noche. Una burra puede alimentar 3 niños de 5 meses."